martes, 14 de abril de 2015

Gratitud y abundancia





Jesús sana a los diez leprosos

Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.

Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: !Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes.

Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.

Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. 

Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?

¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?

Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.


(Lucas 17:11-19)

Debido a la manera en que fuimos educadas las mujeres, para cuidar, servir y anteponer las necesidades de los demás, la mayoría no tenemos suficiente autoestima ni sabemos autovalorarnos. 

Nos horroriza la idea de que puedan abandonarnos. 

Tememos las pérdidas y la falta de seguridad. 

No nos educaron para creer que podemos cuidar de nosotras mismas. 

Sólo se nos enseñó a cuidar de los demás. 

Cuando una mujer se divorcia, se siente aterrada; si tiene hijos pequeños, el miedo es peor aún. « ¿Cómo voy a poder arreglármelas sola?», es la pregunta. 

También aguantamos trabajos o matrimonios desastrosos porque nos horroriza estar solas. 

Muchas mujeres se creen incapaces de cuidar de sí mismas, y sin embargo lo son. 

Muchas sienten un gran miedo ante el éxito. 

Tienen la falsa idea de que no se merecen sentirse a gusto ni alcanzar la prosperidad. 

Pero es lógico que a la persona que siempre se la ha dejado en segundo lugar, le resulte difícil creerse digna de algo. 

A muchas mujeres las asusta tener más éxito o ganar más de lo que ganaban sus padres. 

¿Cómo podemos superar, pues, el temor al abandono o el miedo al éxito? 

Son dos caras de la misma moneda. La respuesta está en aprender a confiar en el proceso de la Vida. 

La Vida está aquí para apoyarnos, para dirigirnos y guiamos siempre que le permitamos hacerlo. 

Si nos hemos criado bajo sentimientos de culpabilidad y manipulaciones, entonces nos sentiremos poco dignas e incapaces. 

Si nos hemos criado en la creencia de que la Vida es difícil y terrible, nunca sabremos relajarnos ni dejar que la Vida cuide de nosotras.

En los diarios y en la televisión leemos y vemos todos los crímenes que se cometen cada día y pensamos que el mundo nos persigue para hacernos daño. 

Pero todos vivimos bajo las leyes de nuestra conciencia, es decir, lo que creemos se nos hace realidad. 

Pese a ello, lo que es cierto para otra persona no tiene por qué serlo para nosotros. 

Si nos tragamos las creencias negativas de la sociedad, esas expectativas se harán ciertas para nosotros y seremos objeto de muchas experiencias negativas. 

Sin embargo, a medida que aprendemos a amarnos, a medida que cambia nuestra forma de pensar y desarrollamos autoestima y dignidad, comenzamos a permitir que la Vida nos dé todos los bienes que nos tiene reservados.

Esto podría parecer muy simplista, y lo es. 

Pero también es cierto. Cuando nos relajamos y nos permitimos creer: «La Vida está para cuidar de mí y estoy a salvo», entonces comenzamos a fluir con ella; comenzamos a notar sincronismos. 

Así pues, siempre que encuentres los semáforos en verde o un fabuloso lugar para aparcar, cuando alguien te traiga justamente lo que necesitabas u oigas precisamente la información que deseabas tener, di « ¡Gracias!». 

Al Universo le encanta la persona agradecida. Cuanto más le agradezcas a la Vida, más motivo te dará ésta para estar agradecida. Sinceramente creo que estoy protegida por Dios, que sólo me van a pasar cosas buenas y que estoy segura y a salvo. Sé que valgo y que merezco todo lo bueno. 

He tardado muchos años y he tenido que estudiar mucho para llegar hasta aquí.

He tenido que liberarme de toneladas de negatividad. 

He pasado de ser una mujer amargada, temerosa, pobre, negativa, a ser una mujer segura y confiada que participa de la abundancia de la Vida. 

Si yo puedo, tú también puedes, siempre y cuando estés, dispuesta a cambiar tus pensamientos.

Ojalá todos supiéramos que cada uno tenemos siempre dos ángeles guardianes a nuestro lado.

Estos ángeles están para ayudarnos y guiamos, pero hemos de pedir su ayuda. Nos aman muchísimo y esperan nuestra invitación. 

Aprende a conectar con tus ángeles y jamás volverás a sentirte sola. 

Algunas mujeres ven a sus ángeles, otras pueden tocarlos o escuchar sus voces; las hay que presienten sus nombres. 

A los míos los llamo «Chicos». Los presiento como un par. Cuando me encuentro ante un asunto o problema que no sé resolver, acudo a ellos. «Esto os toca arreglarlo a vosotros, Chicos. Yo no sé qué hacer.» Cuando me ocurren cosas buenas, o sincrónicas, de inmediato les digo: «Gracias, Chicos, ha sido fantástico, lo habéis hecho de maravilla. Os lo agradezco, de verdad». 

A los ángeles también les gusta la gratitud y el reconocimiento. 

Hazte ayudar por ellos, para eso están contigo. Les encanta hacerlo. 

Para comenzar a comunicarte con tus ángeles particulares, siéntate en silencio, cierra los ojos, haz unas cuantas respiraciones profundas y trata de sentir su presencia detrás de ti, uno detrás de cada hombro. Siente su amor y calor. Pídeles que se te muestren. 

Permítete experimentar su protección. Pídeles que te ayuden a resolver algún problema, o que te den la respuesta a alguna pregunta que tengas. Tal vez sientas una conexión inmediata; quizá necesites más práctica. Pero de una cosa puedes estar segura: están ahí, y te aman. No hay nada que temer. Mantener esta actitud y repetir la afirmación siempre me da buenos resultados. Me alejo del problema y afirmo la verdad sobre mí misma y sobre mi vida. Alejo a mi «mente preocupada» del problema, porque estorba, y dejo vía libre para que el Universo pueda hallar una solución. 

Adopto esta actitud cuando me encuentro en un embotellamiento de tráfico, en los aeropuertos, en mis relaciones con otras personas, cuando me enfrento a problemas de salud o cuestiones de trabajo. Esto no es más que aprender a fluir con la vida en lugar de luchar con cualquier cambio de planes. 

Haz de ésta tu «nueva» forma de afrontar los problemas y verás cómo desaparecen. 

Aprender y crecer forma parte de la evolución del alma. Siempre que aprendemos algo nuevo profundizamos nuestro entendimiento de la Vida. 

Hay muchísimas cosas de ésta que aún no hemos aprendido. 

Todavía nos falta por explorar y usar un noventa por ciento de nuestro cerebro. 

Pienso que estamos en una época increíble y estimulante para Vivir. 

Cada mañana cuando me despierto le doy las gracias a la Vida por el privilegio de estar aquí y experimentar todo lo que existe. Forma parte de mis cinco o diez minutos de gratitud comenzar dando las gracias a mi cama por haberme permitido dormir bien. Expreso mi gratitud por mi cuerpo, mi hogar, mis animales, mis amigos, las cosas materiales que poseo y todas las maravillosas experiencias que sé que tendré durante el día. 

Siempre termino pidiéndole a la Vida que me otorgue más comprensión para tener una visión cada vez más amplia. Porque ver y saber más, hace la Vida más simple. Confío en que mi futuro será bueno. Ten presente: las afirmaciones son declaraciones positivas que reprograman conscientemente la mente para aceptar nuevas maneras de vivir. 

Elige afirmaciones Cuando comienzan a aumentar tus ingresos, cuando mejora tu trabajo, cuando comienza a entrar el dinero a raudales, ya te lo has ganado en la conciencia. 

Ese nuevo estado es tuyo y te corresponde disfrutarlo. Una buena afirmación sería: «Me lo he ganado. Me lo merezco; ya lo he ganado». 

Y luego agradecerlos sentir gratitud. Como ya he dicho antes, al Universo le gustan las personas agradecidas. Su gratitud le traerá más bendiciones. 

Al expresar gratitud por lo que ya tenemos, propiciamos que aumente. Afirme que está abriendo su conciencia a una mayor prosperidad, y que parte de esa prosperidad. 

Autora Louise Hay Fragmento Libro “El Mundo te está Esperando”